La primavera representa el  resurgir, el retorno de la vida: la ascensión y la expansión de la energía Yang comienza a manifestarse a través de la prolongación de la luz y del calor. Este periodo estacional se identificaba con el elemento Madera que, representado por el color verde, se caracterizaba por un movimiento de crecimiento -hacia arriba- y de expansión, al igual que las ramas de los árboles, asociándose  al Viento, que esparce las semillas.

De acuerdo a la bioenergética, en el cuerpo humano,  el elemento Madera se vincula al Hígado, el principal responsable de los movimientos energéticos de nuestro organismo, al igual que su entraña pareja, la Vesícula Biliar. Su desequilibrio  se manifiesta como frustración,  la represión, la rabia, la irritabilidad, el enfado, la cólera, o la ira. Por el contrario, si el elemento Madera se encuentra en equilibrio, habrá creatividad, paciencia, flexibilidad, inspiración, capacidad de visión y ganas de vivir.

Es importante que durante estos meses,  tratemos de  promover la depuración de nuestro Hígadomediante la ingesta diaria de un vaso de agua caliente con el zumo de medio limón en ayunas, o infusiones de té verde, te rojo, boldo, cardo mariano, diente de león o alcachofa.

Tras el letargo, esta estación nos brinda la oportunidad de salir al exterior a pasear o  de entrenar Tai Chi o Yoga al aire libre , promoviendo el flujo del Qi y de la Sangre y previniéndonos de los posibles estancamientos.  La primavera nos invita a crecer, a crear, a expandirnos, a iniciar nuevos proyectos y a plasmarlos en lo real,  aprovechando ese impulso natural que, durante esta etapa, regirá sobre toda la Naturaleza. Pues después del frío invierno, con el brillo del sol, lo que permaneció oculto emerge ahora con plena fuerza y al igual que germinan las semillas y florecen las plantas y los árboles, es momento de conmensurar ahora nuestros grandes deseos.